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Comunicación, Inteligencia Emocional, Oratoria

7 prácticos consejos para mantener a raya tu miedo escénico

Miedo escénico: El peor enemigo de tus exposiciones públicas.

Has preparado tu charla a conciencia, has diseñado un buen powerpoint, controlas muy bien la temática de la exposición y allí estás  … tú, cien personas y un invitado inesperado: TU MIEDO ESCÉNICO.

¿Me permites que te ofrezca algunos consejos que te vendrán genial para gestionar tu ansiedad y preparar de diez tu exposición?

Aquí va el primero: Respira

Patrón de relajación mediante la respiración.

La relajación y la respiración van de la mano. Cada estado emocional tiene una respiración asociada. De esta manera, cuando estás agitado tu respiración es más acelerada, entrecortada y menos profunda (se tiende a respirar por la parte alta de los pulmones disminuyendo la cantidad de oxígeno que se inhala). Por otra parte, cuando estás tranquilo tu respiración es más pausada y tiendes a respirar más profundamente con la parte baja de tu abdomen. Tu diafragma se abre totalmente aumentando la cantidad de oxígeno que tomas del exterior.

Antes de la charla puedes practicar un patrón de respiración que te ayude a relajarte. Como cualquier otro entrenamiento es mejor hacerlo antes, para así tenerlo integrado totalmente antes de ponerlo en práctica en la charla.

Puedes hacerlo nada más despertarte incluso sin llegar a levantarte (te ayudará a empezar el día más relajado), antes de irte a dormir (te ayudará a descansar más profundamente), o en cualquier momento del día en el que quieras relajarte.

Se trata de una rutina muy fácil de ejecutar y sumamente eficiente. Busca un lugar tranquilo. Puedes hacerlo sentado o tumbado. Comienza soltando un poco tus músculos y liberando cualquier tensión que localices en algún punto de tu cuerpo. Cierra los ojos, relaja la mandíbula y los labios. Pon ahora atención a tu respiración. Busca un punto de tu fisonomía en el que la percibas con mayor claridad: puede ser a través de las sensaciones de la respiración en tus fosas nasales, por los movimientos de tu caja torácica o por los movimientos localizados en tu abdomen. Empieza inhalando por la nariz. Cuenta tres o cuatro segundos para exhalar después también en tres o cuatro segundos. En la medida que puedas, lleva el aire hacia el abdomen. Puedes poner una mano en el pecho y otra en el abdomen e intentar que sea esta segunda la que se mueva. Una vez familiarizado con el ejercicio puedes aumentar los tiempos de cada respiración.

Usa el patrón justo antes de empezar la charla. Al haberlo entrenado durante los días previos te será fácil mantenerte en calma y controlarás el miedo escénico.

Visualiza.

Realiza visualizaciones durante los días previos a tu charla. Haz al menos una visualización del día de tu exposición durante los diez días anteriores. Este ejercicio no sólo te ayudará a regularte emocionalmente, también te servirá para repasar, ensayar y entrenar tu conferencia. Para hacer la visualización debes de traer a tu mente las imágenes, los sonidos y las sensaciones que tendrás el día de la charla (procura ser tu mejor versión durante la visualización, obsérvate haciéndolo genial en esa conferencia)

Tu Sistema Límbico (la parte de tu cerebro encargada de la gestión emocional) no diferencia la visualización de la experiencia real. De alguna manera, estás entrenando a tu cerebro  a que reaccione con calma ante esa situación y enseñándole que no hay nada por lo que temer (la principal función de tu cerebro en tu propia supervivencia).

Si durante la visualización notas que te agitas y te pones nervioso, es un buen momento para poner en práctica tu patrón de respiración. ¡ Vas a ver cómo funciona !

Relativiza.

No le des tanta importancia. Seguramente, tú eres la persona de entre todos los que estarán en el auditorio que más sabes sobre la temática que vas a exponer. Prepárate a conciencia y deja que todo fluya. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Si lo peor que puede pasar no es nada asociado a la muerte ¡Relájate! En mi primera conferencia sufrí un ataque de pánico que me dejó la mente en blanco (cómo ves sé de lo que hablo en este artículo). Tan solo tenía un pensamiento: “Kike simula un desmayo” … Y eso hice. Querido lector:  simular un desmayo es más patético que desmayarse en sí (ojalá me hubiera desmayado). Ya ves, mis primeros pasos no fueron nada fáciles y aquí estoy: vivito, coleando e impartiendo formaciones y conferencias. Lo bueno de empezar así tu carrera como conferenciante es que toda ella es ascendente. ¡Relájate! Seguro que te sale mejor que mi primera intervención.

No te sientas juzgado.

Una de las cosas que he aprendido durante estos años como conferenciante es saber que no a todos los asistentes les va a gustar lo que contamos (ni siquiera Dios cae bien a todo el mundo, qué vamos a pretender unos pobres mortales como nosotros). Además, a mí me ayuda pensar que todas las personas que allí están tienen sus propias vidas. Nosotros no somos tan importantes para ellos. ¡ Relájate !

Controla tu postura.

Al igual que la respiración, cada estado emocional tiene asociado una postura, fisiología y fisionomía concreta. Presta atención a la tuya. Intenta llevar los hombros atrás, espalda bien erguida, pies bien posicionados en el suelo y manos relajadas para que puedan expresarse con naturalidad. Respira ….

Ocuparse versus preocuparse (en la charla).

Gestiona tu diálogo interno justo antes de empezar a hablar. Sé consciente de lo que te dices. La mayoría de las veces es este discurso interno el que te provoca el estrés y el miedo escénico. En vez de estar pendiente de este diálogo (preocuparse) ocúpate de lo que realmente tienes que ocuparte: respirar relajadamente, llevar el aire al abdomen, mantener una postura adecuada, buscar a los asistentes con la mirada y sonreírles, posicionarse en el escenario, etc …

Pre-ocuparse versus preocuparse (antes de la charla).

¡ Me encanta ! Esto lo aprendí de una buena amiga. Cada vez que estoy preocupado por algún acontecimiento futuro me pregunto ¿qué puedo hacer para minimizar el riesgo de que algo salga mal? Recojo todo en una lista y empiezo a pre-ocuparme (¿ves el matiz?). Parece una tontería, pero mientras estás pre-ocupándote de todo lo que hará que la conferencia salga de diez no estás preocupándote de las cosas que provocarán que algo salga mal y sobre todo …. estás haciendo lo que hay que hacer para que la exposición salga perfecta. Efectivamente: preparándote a conciencia. Ya lo decía Larry Bird: “No sé lo que me pasa que cuanto más entreno más suerte tengo”

Espero que estos consejos te ayuden a  regular el nivel de estrés que se genera al preparar charlas y conferencias, sobre todo en las primeras intervenciones. Espero que definitivamente puedas dar jaque mate a tu miedo escénico. Si tuvieras otros consejos estaré encantado de leerlos a través de algún comentario. ¡ Los espero ! Feliz charla.

Mientras tanto puedes leer estos otros consejos:









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