Aprender y enseñar a hablar en público
Comunicación, Educación, Habilidades & Competencias, Interpersonal, Oratoria

Hablar en público: cómo enseñar (y aprender)

En el colegio han preparado una sesión en la que los alumnos van a mostrarles a los padres lo mucho que han aprendido sobre una determinada materia. Sale tu hijo/a a exponer. Pone las manos en la espalda, apoya la espalda en la pared, mira a un lugar indeterminado en el techo y suelta a toda prisa un discurso que no se podría decir que comprende y que ha aprendido de memoria… No es una historia inventada, sino una experiencia real y, por desgracia, repetida. Los padres se preguntan: ¿no podrían haberle enseñado algunas cosas básicas sobre la comunicación oral? ¿Tan difícil es?

No, no es tan difícil. Vamos a verlo.

El principal problema al que todos nos enfrentamos al comunicarnos en público es el miedo. El profesor tiene miedo y lo considera normal y aceptable y así se lo transmite a los alumnos, con los que no sigue unas sencillas pautas que les ayudarían a superar ese temor inicial. No debemos considerar “normales” ciertos miedos que nos impiden ser mejores personas: hay que liberarse de ellos ¿Cómo funciona el miedo y cómo podemos superarlo? Te dejo un enlace espectacular y, además, un vídeo que me parece muy interesante:

Primero el enlace:

7 prácticos consejos para mantener a raya tu miedo escénico

Y ahora el vídeo:

 

La primera idea que debe tener un profesor -y un padre- en la cabeza es que ES POSIBLE. Porque cuando pensamos que algo no es posible no somos capaces de dar ni un solo paso o, si lo damos, lo hacemos con tan poca consistencia que al final terminamos por fracasar, y nos decimos: “¡Ves! Ya decía yo que era imposible”.

Sin embargo, la experiencia lo desmiente: todo el mundo puede ser un gran orador. He visto a personas que simularon un desmayo en su primera intervención pública y que dos años más tarde realizaban conferencias delante de centenares de personas. Te diré más: he visto cómo una chica que sufrió un infarto cerebral al nacer que le acarreó serias dificultades para hablar y para moverse ponía en pie a un gran auditorio con la pasión, la fuerza y la convicción de sus palabras, revosantes de carisma y autoconfianza.

Todo el mundo puede convertirse en un gran orador con el entrenamiento y los conocimientos adecuados y, desde luego, tú también.

Una vez que tenemos en la cabeza que ES POSIBLE (es más, que no es difícil), comenzamos a enseñar (y a aprender -antes tendremos que aprender, eso está claro) la competencia “comunicación oral”. Como toda competencia, la transmisión a otros se basa fundamentalmente en la monitorización de comportamientos.

¿Cuáles son los elementos esenciales en los que tendremos que centrarnos para ayudar a los estudiantes -¡incluso a los niños!: no lo dude ni un momento- a hablar bien en público? Los presentamos tanto para aplicárselos a uno mismo como para enseñarlos a otros:

1.- Contenido

Si no somos capaces de decir nada interesante el ser un buen retórico nos convertirá en oradores superficiales, si no estructuramos el mensaje de manera adecuada o mantenemos constantemente un lenguaje farragoso que exija demasiado esfuerzo al auditorio pronto dejarán de seguirnos. Es importante preparar bien el contenido.

a) Lenguaje y emoción

El lenguaje no consiste únicamente en las palabras que pronunciamos. Esas palabras cabalgan a lomos de emociones y serán ellas las que potencien o disminuyan su eficacia. Entre el auditorio habrá personas más acostumbradas a escuchar largos discursos, otras que tengan una motivación especial porque les interese muchísimo el tema y otra más que necesiten que les ayudemos a mantener la concentración… todas ellas agradecen que les hagamos disfrutar del momento preparando bien el contenido de la charla o conferencia.

b) El esquema

Hable de lo que sepa y prepárese muy bien. ¿Tiene la sensación de que sabe mucho más de lo que tiene tiempo de decir? Pues ese es el camino correcto. Si es así, seleccione las ideas que considera más importantes hasta reducirlas a tres o cuatro puntos centrales, esquematice su discurso y controle bien el tiempo.

Preste atención a marcar bien las partes de la charla, introduzca ejemplos, no tema entrar en cuestiones difíciles y acérqueselas al público de la manera más sencilla y clara posible y, después, sepa relajar un poco las mentes antes de volver a penetrar en los matices más complejos. La mente se relaja pasando a ver alguna imagen, un esquema que explique lo que ha dicho, un vídeo que lo ejemplifique, o bien con un ejemplo, anécdota, etc…

No olvide que la preparación del contenido y su fondo y en su forma es la parte más importante de la comunicación oral.

2.- El dominio del espacio

Una buena intervención sabe adaptarse al espacio con el que cuenta y a la estructura del mismo. El orador no estructura la charla de la misma manera si puede moverse e interactuar de manera muy próxima con el público o si tiene que permanecer sentado o recluido en los límites que marca un atril. Por supuesto, siempre será mejor para usted si tiene la posibilidad de elegir. Si no es así, tendrá que adaptarse: infórmese previamente a través de los organizadores.

Mi experiencia me ha enseñado que muchas cuestiones difíciles de entender se vuelven mucho más sencillas si se utiliza el espacio como estructura visual para el discurso. Si tenemos que hablar del pasado, del presente y del futuro, ubicar en el escenario estos tres espacios ayuda mucho al espectador. Si hablamos de buenas y malas prácticas sucederá de la misma manera.

No malogre el espacio con el que cuenta: utilícelo con inteligencia. Puede ser un elemento decisivo y diferenciador.

3.- Posición de partida

Ya sabe que su cuerpo comunica y debe aprovecharlo. Muchos oradores utilizan la mesa en la que se sientan o el atril en el que se apoyan como si fuese una trinchera que les protege dentro de un ambiente hostil. Le diré una cosa: al principio puede ser lo mejor si tenemos dificultades para superar el miedo o si no estamos seguros de poder comunicar con nuestro cuerpo, pero la situación comunicativa ideal incluye todo nuestro yo: desde la cabeza a la punta de los pies, todo comunica.

La posición de partida es una posición preparada e identificada a la que el orador retorna de vez en cuando para hacer un descanso o para retomar el control sobre su corporalidad. Debe ser cómoda para usted, pero al mismo tiempo su misión es transmitir seguridad (hacia fuera y hacia dentro), tranquilidad y dominio de la situación. Tronco recto y espalda erguida (evite sobreactuar: un buen truco es imaginar que mantiene un libro en equilibrio sobre su cabeza, lo que estirará la espalda y levantará los hombros sin exageraciones), las piernas ligeramente separada -tal vez una un poco adelantada, los brazos a los lados, la cara relajada, sonriente y mirando al público… son algunos datos fundamentales, aunque le recomiendo practicar frente al espejo para encontrar la situación ideal.

Recuerde volver de vez en cuando a esta posición aprendida y ensayada: al realizar alguna pausa, cuando sienta que ha perdido un poco el control sobre su cuerpo, cuando necesite recuperar la seguridad y el dominio de sí o del contenido que esté transmitiendo.

4.- Comunicación no verbal

Hemos hablado muchas veces en esta bitácora sobre la comunicación no verbal, pero es tan importante que no quiero dejar de mencionarla. En todo caso, encontrará una información muy detallada en este artículo sobre “La Coherencia en la Comunicación”. En él descubrirá cómo usar las manos, los pies, el tronco, etc… y muchas otras cosas interesantes.

Una ley fundamental de la comunicación no verbal: sé tú mismo. La falta de naturalidad, el sobreactuar, exagerar los movimientos entrenados “en laboratorio”… es algo desagradable para el auditorio y hace el mensaje poco creíble. Mejora tu comunicación a partir de lo que tú eres, de tú manera de hablar y de expresarte. No te conviertas en otra persona, por favor, lo que siempre se busca es una mejor versión de uno mismo.

Permítame que insista: un busto parlante puede transmitir las mejores y más interesantes ideas del mundo, pero serán muy pocos los miembros del auditorio que serán capaces de seguirle. Le aseguro que esas mismas ideas no perderán ni un ápice de interés si se hacen llegar de manera más atractiva y eficaz sirviéndose de la comunicación no verbal. Es verdad que cuesta un poco más, ¡pero sólo un poco! Basta con superar la vergüenza y practicar un poco. Su auditorio se lo agradecerá.

¿Quieres saber más sobre la Comunicación oral? Hemos elaborado unas cuantas entradas sobre esta competencia, porque es decisiva (pasea un poco por la página o utiliza el buscador), y todavía nos quedan muchas cosas que contar, afortunadamente. También contestaré con gusto a todos los comentarios o sugerencias.









Marcelo López Cambronero. Contacta conmigo a través de:

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