Los planes de estudios para acceder al grado de maestro continúan ignorando las evidencias científicas que respaldan cómo las personas se convierten en lectores.

A nuestros niños se les enseña a leer con métodos que no se basan en los últimos estudios científicos sobre cómo las personas aprenden.

Es un problema que se ha escondido a plena vista durante décadas. De acuerdo con  the National Assessment of Educational Progress (NAEP)—la Evaluación Nacional del Proceso Educativo—, más del sesenta por ciento de los alumnos en cuarto grado no son buenos lectores. Esto ha sido así desde que se empezaron a hacer estas pruebas de evaluación. Un tercio de los niños no puede leer a nivel básico.

¿Cómo se puede saber que buena parte del problema es el método de lectura que se usa? Porque los investigadores han hecho estudios clínicos y estudios en aulas cuyos resultados muestran, una y otra vez, que casi todos los niños pueden aprender a leer—si se les enseña con métodos que se basan en cómo el cerebro aprende a leer. Pero muchos maestros no conocen esta ciencia ni su aplicación.

¿Qué han descubierto los científicos? Lo primero es, que mientras que aprender a hablar es un proceso natural que ocurre cuando el niño está rodeado de lenguaje oral, aprender a leer no lo es. Para ser lectores, los niños necesitan aprender cómo las palabras que ellos saben pronunciar están relacionadas con las letras en una página escrita. Los niños necesitan una instrucción explícita y sistemática de sonidos. Hay cientos de estudios que lo respaldan.

Pero hable usted con algunos maestros y muchos dirán que han aprendido algo diferente sobre cómo los niños aprenden a leer. Jennifer Rigney-Carroll, que terminó su máster en Educación Especial en 2016, me dijo que a ella le enseñaron que los niños “leen naturalmente si tienen acceso a los libros”. Jessica Root, especialista en intervención en Ohio, dijo que aprendió “si tú quieres conseguirlo, tú lo logras”, lo que significa que  los niños “se emocionan ante lo que leen, encuentran libros que les interesan y, sólo leer, leer y leer”. Kathy Bast, directora de colegio en Pennsylvania, aprendió lo mismo. “Fue sólo: pon literatura delante de los niños, enseña la historia, y los niños aprenderán a leer al estar expuestos”, dijo.

Estas ideas están arraigadas en las creencias sobre la lectura del comúnmente llamado “método global” y que ganó muchos adeptos en los años ochenta. Los que propusieron el método global descartaron la necesidad de fonética. Leer es “la actividad más natural del mundo”, escribió  Frank Smith, uno de los líderes intelectuales del movimiento del método global. “Es solo a través de la lectura como los niños aprenden a leer”. “Tratar de enseñar a los niños a leer, enseñándoles los sonidos de las letras es, literalmente, una actividad sin sentido”.

Estas ideas fueron desacreditadas a principios de la primera década del 2000. Puede parecer que los niños aprenden a leer al estar expuestos a los libros, y algunos niños de hecho, aprenden las correspondencias entre las letras y los sonidos rápida y fácilmente. Pero la ciencia muestra claramente que para convertirse en un buen lector, deben aprender a descifrar palabras. Muchos defensores del método global agregaron algunos fonemas a su enfoque y lo rebautizaron como “alfabetización integral” o lectoescritura.

Pero no abandonaron su creencia fundamental de que aprender a leer es un proceso natural que ocurre cuando los padres y los maestros exponen a los niños a buenos libros. Si bien es probable que se encuentren algunas lecciones de fonética en un aula de lectoescritura, también es probable que se encuentren muchas otras prácticas enraizadas en la idea de que los niños aprenden a leer leyendo, en lugar de a través de la instrucción directa de la relación que existe entre sonidos y letras. Por ejemplo, algunos maestros les dan a los niños pequeños libros que contienen palabras con patrones de letras que aún no les han enseñado. Usted verá “paredes de palabras” alfabéticas que se basan en la idea de que aprender a leer es un proceso de memoria visual, en lugar de un proceso de comprensión de cómo las letras representan los sonidos. Escuchará a dichos maestros que les dicen a los niños que adivinen las palabras que no saben, en función del contexto y las imágenes, en lugar de enseñarles a decodificar sistemáticamente y a comprender su significado.

Muchos maestros aprenden estas teorías y métodos en la universidad o en los cursos de formación permanente. Los editores perpetúan estas ideas y los distritos escolares se comprometen. Pero las universidades de educación, que deberían estar a la vanguardia en impulsar las mejores investigaciones, han ignorado en gran medida la evidencia científica sobre la lectura.

The National Council on Teacher Quality (CNTQ)—el Consejo Nacional para la Calidad de los Maestros—revisó las programaciones de los planes de estudio  para la formación de maestros en todo el país y encontró que menos del cuatro por ciento de los profesores enseñaban los pasos científicos para una enseñanza efectiva de la lectura. Un estudio realizado en las facultades de Ciencias de la Educación en la Universidad de Carolina del Norte, sobre programas de atención temprana, encontró que las estrategias de instrucción basadas en la investigación se mencionan “de una manera superficial en la mayoría de los programas de estudio”. (Algunos profesores pedían a  los estudiantes que escribieran su “filosofía personal” sobre cómo enseñar a leer.) Kelly Butler, del Instituto de Lectura de Barksdale en Mississippi, entrevistó a más de 100 decanos y profesores de facultades y escuelas de educación como parte de un estudio de planes de estudios para acceder al grado de  maestro en el estado y descubrió que la mayoría de ellos no podían explicar los principios científicos básicos sobre cómo los niños aprenden a leer.

No es solo la ignorancia. También hay una resistencia activa a la ciencia. Entrevisté  a una profesora de lectura y escritura (alfabetización) en Mississippi que me dijo que estaba “filosóficamente opuesta” a la instrucción fonética. Uno de sus colegas me dijo que no estaba de acuerdo con los hallazgos de los científicos expertos en lectura porque “es su ciencia”.

No hay excusa para esto. Las facultades y escuelas de educación tienen que comenzar a exigir que se enseñe cómo aprender a leer con métodos basados en evidencias científicas. El futuro de los niños depende de ello.

Por Emily Hanford en el New York Times, artículo original 

Traducción: Rosario Campos Puro